lunes, 1 de marzo de 2010

Recuperar la ilusión de quien la haya perdido y crearla en quien no la haya tenido nunca

Lo cierto es que nos merecemos un tirón de orejas por no haber escrito nada en el blog sobre el Día de Andalucía, que fue ayer. Se han cumplido treinta años desde que los andaluces nos movilizamos para lograr lo que a priori era un imposible, la autonomía por la vía rápida. Para impedirlo, el gobierno de UCD (la derecha "moderada" de aquella época, si la comparamos con la Alianza Popular de Manuel Fraga) presentó unos censos electorales hinchados, desfasados, en donde constaban como electores personas que habían fallecido. La pregunta sobre la que había que pronunciarse afirmativamente en referéndum también se manipuló para que fuese extraordinariamente enrevesada. Dado que el límite constitucional del artículo 151 exigía el voto afirmativo de más del 50% de los electores (esto es, de todas las personas con derecho a voto, no de los votantes), la UCD pedía a los andaluces la abstención. Para ello, contó con voces de "reputados analistas políticos" como Lauren Postigo, que fueron jaleando aquello de "andaluz, te están engañando; andaluz, este no es tu referéndum". Con la abstención ya asegurada de los muertos todavía censados, a poquito que esturrearan unas gotas de desánimo entre la población, la gamberrada estaba servida. Contra todo pronóstico, el límite constitucional se alcanzó en seis de las ocho capitales de provincia andaluzas, quedando al margen Jaén y Almería que no lograban superar el 50%. Gracias a unas impugnaciones ante la Audiencia Territorial de Granada, a Jaén también se le reconoció haber superado el 50%; y tras arduas negociaciones con el gobierno central, UCD dio marcha atrás y reconoció la legitimidad de Andalucía para constituir su Autonomía por la vía establecida en el artículo 151 de la Constitución. Este proceso no habría sido posible sin el esfuerzo coordinado de los partidos de izquierdas, porque la derecha nunca creyó en la Autonomía de primera para Andalucía, a excepción de Manuel Clavero Arévalo, ministro de UCD que renunció a su puesto. Es a Manuel Clavero Arévalo a quien se aferra como un clavo ardiendo Javier Arenas para legitimarse y justificar su pertenencia al partido que aglutina a todas las voces críticas con la autonomía andaluza de aquel entonces; pero una cosa es cierta: los socialistas, como representantes mayoritarios de la izquierda en nuestra tierra y como artífices en gran parte de la conquista social autonómica, no podemos dar por ganada la partida de antemano ni vivir de la gesta autonómica. La realidad es que el PP de Javier Arenas ha remontado en las encuestas, y pese a que las encuestas tienen una validez limitada, deben servirnos de incentivo para esforzarnos mucho más que nunca. Hay que abrir más los ojos y poner más el oído, y por qué no decirlo, ser más de izquierdas si cabe, porque Andalucía es de izquierdas y necesita soluciones de izquierdas para los problemas de su gente. Eso es lo que nunca comprenderá el señor Arenas. Precisamente anoche me quedé hasta las tantas viendo un documental sobre la gira que llevó a cabo el entonces presidente Escuredo en 1980 explicando por toda Andalucía qué era lo que nos jugábamos el 28 de febrero y me dije ¡coño!, esta es la ilusión que hay que tener y que hay que saber transmitir a la gente. Por eso digo que hay que recuperar la ilusión de quien la haya perdido y crearla en quien nunca la haya tenido, porque sólo podremos ganar si sentamos las bases de una nueva izquierda solucionadora de problemas que cree esa ilusión que se crea en la gente en los grandes momentos, la que vaticina buenos augurios y que ha dado victorias históricas a la izquierda.
PEDRO MOLINA ALCÁNTARA