El arzobispo Rouco Varela, este fin de semana, en su último mitin político-homilía, defendió vehementemente el modelo tradicional de familia "cristiana", es decir, el matrimonio heterosexual contraído mediante el ritual religioso cristiano. Esto es, que sólo van al cielo directamente las personas que, llevando una vida piadosa, hayan optado por este modo de vida. Si no, el purgatorio por lo menos no te lo quita nadie. Y desde luego, si optas por un modelo de familia alternativo, date por jodido, con perdón de la expresión. Los gays por tanto, lo tienen muy crudo para lamer las mieles eternas del cielo, y sus hijos, mejor que vayan a que el cura les practique un exorcismo que si no, también les estarán las puertas del cielo cerradas.
Pero es que además, su concepción de las relaciones personales familiares es de una hipocresía imperdonable, no creo que sea cristiana sino más bien, fascista y machista, porque siempre se alude a la procreación como única finalidad de la relación sexual y al matrimonio como llave que abre la puerta a la posibilidad de la relación sexual. Siempre desde estas posturas se pide a las familias que tengan todos los hijos que Dios mande, pero no se denuncia la grave situación de sobrecarga que padecen las familias que residen en países que durante el siglo XX sufrieron dictaduras de corte fascista. Y como bien dice el profesor Vicenç Navarro, en España familia quiere decir mujer.
Apostar por la familia de verdad, sin retórica ni hipocresía, es apostar por la Ley de Dependencia, y esto se ve claro si se tiene en cuenta que las familias residentes en países con tradición socialdemócrata tienen de media más hijos que las que residen en países con tradición totalitaria.
Y a Rouco le mando un mensaje muy claro: hay que ser buena gente, no desearle el mal al prójimo y ayudarlo en lo que buenamente se pueda; pero no por la creencia de un sistema de castigo-recompensa como es la dicotomía infierno-cielo, sino por convicciones puramente éticas autónomas, que nazcan de uno mismo. Si Dios existe, que yo creo que sí, no creo que esté interesado en contabilizar las veces que vas a misa ni creo que sea tan cotilla como para espiar con quien se mete uno en la cama. Con tantas guerras y tanta pobreza como hay en el mundo, ofende la exagerada importancia que le da el clero a pecados que no son delitos, como la masturbación, el no ir a misa o determinada orientación sexual que ellos consideran "anormal" y "antinatural".
PEDRO MOLINA ALCÁNTARA