Las palabras del compañero Pepe Blanco hace unos días en la cadena SER resonaron como una losa en toda la comunidad política. No han dejado indiferente a nadie, y nos han llovido hostias por todos lados. Pero Pepe Blanco ha dado en la llaga, ha dado en el clavo. Mucho peleamos los socialistas cuando se estaba diseñando el marco constitucional que hoy gozamos para que se reformara la Hacienda Pública, y se estableciera el principio de progresividad fiscal en la recaudación tributaria, que permitiera una verdadera redistribución de la renta y la riqueza. Esas reivindicaciones se vieron reflejadas primero en los Pactos de la Moncloa y más tarde en nuestra Constitución. Pero no fue hasta la llegada de Felipe González al gobierno cuando se llevó a cabo una poderosa reforma fiscal que fue la que redujo la pobreza y la desigualdad socioeconómica, legado valioso que se diluyó en el aire con la llegada de Aznar al gobierno, y que no se ha conseguido recuperar durante los cinco años de gobierno socialista pese a las numerosas medidas sociales puestas en marcha. Se ha amortiguado algo el crecimiento de la desigualdad social pero no se ha detenido.
Ahora toca que aquellos que obtienen a través del mercado mucho más que la media contribuyan de un modo mucho más acorde a sus posibilidades, porque si nosotros los socialistas aceptamos plenamente las reglas de la democracia liberal y la economía de mercado es porque creemos en ellas, pero nunca sin acompañarlas de justicia social, de regulación financiera y de medidas sociales. El mercado debe ser una institución que premie el esfuerzo y el ingenio humano, posibilitando mejoras en la calidad de vida de la gente, pero no un juez parcial que excluye a los que peor le caen y premia a los que le benefician.
Compañero Pepe, nos has abierto los ojos, tiene que haber más progresividad fiscal para que haya más redistribución y más justicia social, en definitiva, más oportunidades. Ejecutivo, a trabajar en esa dirección que hay mucho que hacer.