lunes, 11 de mayo de 2009

La construcción de la Europa social


Al término de la II Guerra Mundial, con la caída del Telón de acero, Occidente tomó partido por un modelo de Estado liberal sostenido por un sistema económico capitalista, frente a la Europa Oriental y parte de Asia, que adoptaron un sistema comunista de corte soviético.




Mientras el Comunismo imponía una igualdad material entre todos sus súbditos a golpe de autoritarismo, sin respetar los derechos civiles y políticos básicos del ser humano tales como la libertad de pensamiento y expresión, pues estos estaban sometidos a los dictados del aparato central del Partido Comunista; el Capitalismo aparentaba representar un ejemplo de democracia, aparente tan sólo pues en Estados Unidos, punto neurálgico del Capitalismo, convivían numerosos sistemas de alienación del ser humano: la segregación racial, la desigualdad económica... La España franquista servía al Capitalismo como muralla profiláctica ante la penetración del Comunismo.


En ese marco geopolítico, los partidos políticos europeos integrados en la II Internacional (socialistas, socialdemócratas, laboristas... que no quisieron adherirse a la causa del Comunismo, reflejada en la III Internacional) supieron encontrar un espacio para desarrollar un modelo de Estado que respetara e impulsara los derechos civiles y políticos de la ciudadanía, a la misma vez que atendiera las necesidades sociales de sus pueblos. Hablamos del "Welfare State" (Estado del Bienestar), concepción de Estado que consideraba que el fin de un pueblo es velar por igual del bienestar de todos sus ciudadanos, valiéndose para ello de políticas redistributivas de la riqueza económica para paliar los desequilibrios del mercado y entendiendo que la Sanidad, la Educación y la protección social ante el desempleo y la jubilación son derechos inalienables de toda persona que garantizan la igualdad de oportunidades y ayudan a la realización de la persona como mecanismo de búsqueda de la felicidad. Fue esa convicción cívica, esa manera de hacer las cosas, la que posibilitó la recuperación económica de Europa y su posterior expansión, tanto económica como social. La dedicación y la preocupación por los Derechos Humanos, por la cultura, por la solidaridad; en definitiva, por hacer las cosas bien, auspició el resurgimiento de la vieja Europa, que se convirtió en un referente mundial de paz y prosperidad. Durante décadas, existieron grandes pactos de Estado entre los partidos socialdemócratas y los partidos de corte conservador para salvaguardar y fomentar el Estado del Bienestar, hasta que la crisis económica de los setenta puso en evidencia las carencias y debilidades de aquel modelo de Estado del Bienestar y sirvió para que Margaret Thatcher en Reino Unido, invirtiera todo ese legado, al calor de una revolución neoconservadora en lo social y neoliberal en lo económico que tuvo como estandartes políticos al dictador militar chileno Augusto Pinochet, al republicano estadounidense Ronald Reagan, al Papa Juan Pablo II y a la propia Thatcher. La caída del comunismo de corte soviético sirvió de excusa a los líderes políticos "neocon" y a los gurús económicos neoliberales para vender su doctrina. La crisis de liderazgo político sufrida por la izquierda socialdemócrata impidió hacer frente a esta ofensiva del capital con la fortaleza que la situación requería, aunque hay que reconocer que si Europa ha seguido manteniendo esa impronta de prosperidad en los últimos años ha sido gracias a que en la mayoría de los países europeos se han mantenido muchas de las estructuras del Estado del Bienestar.



En España, la implantación del Estado del Bienestar no encontró materialización real hasta la llegada de los socialistas al gobierno, de la mano de Felipe González. Fue bajo aquel gobierno socialista cuando España entró en Europa, y es ahora Rodríguez Zapatero quien hace pedagogía socialista ante los líderes socialdemócratas europeos, que están despertando del letargo neoliberal y están recuperando sus viejas convicciones.


Poner al día el Estado del Bienestar en toda Europa e impulsar un nuevo modelo productivo mucho más eficiente, equilibrado y sostenible es lo que nos jugamos en las elecciones europeas del próximo 7 de junio, Europa es una gran nación de naciones que debe enorgullecernos y que no podemos dejar de lado si queremos ahondar en la construcción de un modelo europeo que desemboque en la Europa Social.

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