Durante el pasado mes de marzo se ha cumplido un año desde que el presidente Zapatero logró renovar la confianza obtenida por los ciudadanos españoles cuatro años antes. Recordemos aquel trágico mes de marzo de 2004, cuando muchos de nosotros todavía no éramos mayores de edad y no sabíamos ni lo que queríamos hacer con nuestra vida. Recordemos aquel horrible atentado en el metro de Madrid del 11 de marzo. Aquel día no fui realmente consciente de la tragedia que había ocurrido.
Aquella situación de dolor colectivo culminó en un ejercicio de democracia impecable, de acción ciudadana a la antigua usanza, del cual nació un gobierno plenamente legítimo, dirigido por quien con el tiempo ha demostrado ser un enorme presidente de talla mundial. El tiempo ha demostrado la equivocación de quienes dijeron que de no haberse producido aquel horrible atentado el proceso electoral no habría desembocado en tal resultado. Lo que sí sucedió es que gran parte de la sociedad, gente progresista en su mayoría pero que no consideraba tener suficientes motivos para votar, aplicó el último impulso necesario, precipitando así el fin del "cuatrienio negro", tal y como lo llamaba con muy bien criterio un amigo personal mío.
Se dijo también entonces que esa victoria se debía a los réditos de un infame apoyo gubernamental a una guerra más infame aún, la de Irak, contraria por completo a las normas de Derecho Internacional. Cuestionados por quien no sabe perder comenzamos una labor muy dura de gobierno, gestionando impecablemente la economía y acompañándola de numerosas conquistas sociales, demostrando así que era completamente falsa la vieja disyuntiva de filosofía económica entre eficiencia y equidad.
Recuerdo también las palabras de mi madre recién salido Zapatero: "ahora sabrás cómo gobiernan los socialistas". Y es que cuando Aznar tomó el relevo de Felipe González yo no tenía aún ni diez años. No sé vosotros, pero yo sentí más cercano que nunca el fin de ETA. Cinco años ya después de todo aquello, nos encontramos en una situación dificilísima. Hay una terrible crisis económica de dimensiones descomunales, hay paro, hay muchos males que aquejan a la sociedad. Y es en estos momentos cuando no debemos dejarnos llevar por el pánico, porque si lo hacemos, los árboles nos impedirán ver el bosque y no podremos afrontar todo lo bueno que está por llegar. Y esto último lo digo como ciudadano, no como socialista. Quiero pedir a quien pueda leer esto y le interese que mucho ánimo, mucha fuerza, que es ahora cuando no se debe abandonar la pelea política, que es ahora cuando el gobierno tiene que salir al paso y aportar confianza, cuando tiene que haber cobertura social, cuando no nos podemos abandonar al racismo, a la xenofobia, al sálvese quien pueda.
La unión hace la fuerza porque el socialismo democrático es el único que apuesta por una colectividad fuerte basada en la poderosa y bella individualidad, que no individualismo.
Pedro Molina Alcántara