martes, 7 de octubre de 2008

Juventudes Socialistas de Jaén apuesta por un trabajo decente

Hoy, día 7 de octubre, se celebra el Día Mundial por el Trabajo Decente. Para Juventudes Socialistas no es más que otro día del año, puesto que en nuestro día a día, no hacemos más que pensar y trabajar en la consecución de uno de los ideales más legítimos a los que una persona puede aspirar, el trabajo decente.

A primera vista, un trabajo decente es aquel trabajo estable en el que una persona obtiene un salario justo por un número de horas razonable y que le permite tanto vivir con cierto bienestar económico, sin añadir a los problemas de la vida el de la incertidumbre, el no saber qué será de uno mismo; como dejar espacios para el ocio y la vida personal en el ámbito familiar y social. Desde luego, no podemos definir el trabajo decente sin partir de esa base, pero existen más de mil maneras de enriquecer esa definición. Trabajo decente es cuando la persona se despierta con ganas de acudir a su trabajo, porque sabe que lo está haciendo bien, sabe que ayuda a su familia, a la gente que quiere, pero también a todo el mundo, porque su trabajo crea riqueza que repercute en el bien social colectivo. No hay mayor satisfacción que la de ser consciente de que cada vez que trabajas, no sólo tus hijos reciben la educación que merecen, sino tod@s los niñ@s y jóvenes del país. Tampoco hay mayor tranquilidad que la de saber de que cada vez que una persona enferma en España, no está desamparada, sino que tiene derecho a asistencia médica. Todo ello es gracias al trabajo humano. No obstante, aún con todo ello, no habrá trabajo decente mientras el trabajador no se sienta verdaderamente dueño de lo que hace, de lo que desempeña.

Si no hay igualdad de oportunidades a la hora de obtener un empleo entre personas de diferentes sexos, o etnias, o cualquier otra razón que se haya creado para generar y mantener la desigualdad; si no hay reconocimiento al esfuerzo humano, si no hay profesionalidad en el trabajo, si el trabajador no siente la existencia de un margen para crear y participar en las decisiones que afecten a su empresa ni en los fines sociales que esta persiga; definitivamente, no, no habrá decencia en el trabajo. Que quien lea esto se pregunte si puede colaborar de alguna forma para que todos los seres humanos tengan acceso al trabajo decente. Que lo lea el empresario que reclama el abaratamiento del despido (bajo el eufemismo de “flexibilidad en la extinción del contrato laboral”), y que lo lea el/0 la/l@s lumbreras que poseen tanta decencia en el trabajo que se les da margen para sugerir mamarrachadas descomunales, por no decir crueldades, tales como la jornada laboral de 65 horas. De esta directiva se dice que no es obligatoria, sino que el trabajador libremente podrá decidir si trabajar ese chorreón de horas o no. Pero que le digan a cualquier persona con dos dedos de frente si un trabajador medio que pase apuros económicos para llegar a fin de mes se puede permitir el lujo de mandar a freír espárragos a su jefe cuando este le sugiriera “amistosamente” trabajar las horas que ya trabaja y casi la mitad más.

¿Dónde quedaría la labor sindical cuando un trabajador, movido por la preocupación de perder su empleo, se viera obligado de aceptar esas condiciones, y sus compañeros, para no verse en desventaja, tuvieran que aceptar igualmente? Juventudes Socialistas lo va a contestar automáticamente: a la altura del betún de los zapatos.

Porque ya está bien, TRABAJO DECENTE PARA TODO EL MUNDO.

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